Martín Jaime

Tuvo una infancia muy feliz pero sin lujos. De chico, su papá le transmitió la pasión  por el fútbol. Cuando él falleció, Martín dejó de jugar. Abandonó el secundario, empezó a trabajar en una farmacia y con su sueldo se compró una moto. A los 18 años se la quisieron robar y un disparo en el cuello le provocó una lesión medular. Desde entonces tiene cuadriplejía y es usuario de una silla de ruedas motorizada. Se rehabilitó pero pasó por períodos de angustia, bronca, tristeza e impotencia. Se recluyó y se alejó de sus amigos. Un día dejó de llorar y decidió terminar el secundario. Para esa época, su hermano menor murió en el mar; fue “lo peor que le pasó en la vida”. Pero siguió adelante y junto a sus otros hermanos, su mamá y su abuela empezó a construir una vida nueva. Se anotó en la EMAE para estudiar Análisis de Sistemas y allí conoció personas con otras discapacidades. Se recibió en noviembre de 2016 y fue escolta de la bandera nacional. Presentarse al Premio BIENAL hizo que se reencontrara con sus viejos amigos. Martín es un ejemplo de resiliencia y unión familiar que inspira a todos a no bajar los brazos y pelear por los sueños.